Várkala.(India del Sur-4º).
Archivado en Cuaderno de viajes • Fecha: 21-12-2005 20:53:46A veces, ocurre que los mejores momentos son fruto del azar, y no dependen de una concienzuda preparación de rutas y horarios. En realidad, poco importan la voluntad y las intenciones (sí las hay) del "intrépido viajero". El cuerpo impone su ley de forma inflexible, pero dulce. Al hacerlo, se da el caso de despertar en Várkala cuando tenías intención, iluso, de bajar del tren en Trivadrum.
La noche anterior abandonamos Madurai con destino Trivadrum en tren nocturno.
- sekond liiper clash -, nos dijeron amablemente al comprar el billete.
- Uhmn….2ª sleeper class. ¡Genial! -, pensé, soñando con una acogedora litera, tras un extenuante día.
Pero los sueños , a veces, son sólo sueños y terminé durmiendo a pierna suelta, a dos metros sobre el suelo, en una estrecha plataforma de madera forrada de "skay", curtida por el peso de miles, posiblemente millones, de pasajeros, y con un mugriento ventilador blandiendo sus aspas a escasos tres palmos de tus narices. Los ocho pasajeros que compartíamos aquella zona del vagón, incluyendo a Inma una simpática "rastafari de Barcelona, dormimos, en apariencia apaciblemente, pese a la insistente cantinela de los vendedores, té, café y todo tipo de cosas comestibles, que no cesaron de ofrecer sus productos en toda la noche. El cansancio se impuso y amanecimos 80 Km. más al norte. Si fue la suerte, el destino, o los sabios consejos de Manuel y Kristi, que nos habían hablado de este lugar, nunca se sabrá.
La noche anterior abandonamos Madurai con destino Trivadrum en tren nocturno.
- sekond liiper clash -, nos dijeron amablemente al comprar el billete.
- Uhmn….2ª sleeper class. ¡Genial! -, pensé, soñando con una acogedora litera, tras un extenuante día.
Pero los sueños , a veces, son sólo sueños y terminé durmiendo a pierna suelta, a dos metros sobre el suelo, en una estrecha plataforma de madera forrada de "skay", curtida por el peso de miles, posiblemente millones, de pasajeros, y con un mugriento ventilador blandiendo sus aspas a escasos tres palmos de tus narices. Los ocho pasajeros que compartíamos aquella zona del vagón, incluyendo a Inma una simpática "rastafari de Barcelona, dormimos, en apariencia apaciblemente, pese a la insistente cantinela de los vendedores, té, café y todo tipo de cosas comestibles, que no cesaron de ofrecer sus productos en toda la noche. El cansancio se impuso y amanecimos 80 Km. más al norte. Si fue la suerte, el destino, o los sabios consejos de Manuel y Kristi, que nos habían hablado de este lugar, nunca se sabrá.
Los hippies "descubrieron" el paraíso en las soleadas y baratas costas de muchos lugares del mundo. Más tarde, llegó la industria turística y detrás los touroperadores, transformando lo que eran apacibles aldeas de pescadores en lugares de vacaciones playeras, destino de viajes organizados. Cemento, humo y alcohol barato. Várkala, al contrario, aún mantiene parte de esa antigua magia, donde la vida religiosa, la profana y la rural se juntan: un paraíso que, quizás tenga los días contados. La puesta de sol en el mar Arábigo, vista desde lo alto del acantilado iluminado por los últimos rayos sol, el mar, hermoso y desafiante, las ceremonias, que celebran en la fina arena de las playas rodeadas de cocoteros y arrozales, y más cosas, hacen de Várkala un tesoro, que conviene visitar… antes de que sea demasiado tarde.
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