Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

TAL MAHAL : NFUNKE

Archivado en Música • Fecha: 15-06-2005 15:25:41

Ya he dicho en otra ocasión que me encanta las chiripas. Las chiripas son las felices casualidades (bueno, tampoco hace falta que sean completamente felices) que nos llevan como barcos locos por las aguas de la red hasta puertos desconocidos (¡diantres, que cursi sonó eso!). Lo que los ingleses llaman serendipity. Hallazgos azarosos. El último me acaba de ocurrir hace unos momentos. Felizmente porque me va a dar el pie para empezar esta anotación, que suele ser lo más espinoso. Pues resulta que mis amigos del colectivo Bitcho me han pedido una colaboración en su bitácora, o sea, en esta, sobre el tema que me de la gana. Después de barajar algunos de contenido combativo o más o menos satírico, me decidí por comentar el último disco que me ha hecho feliz. Hacerme a mí feliz con la música es una tarea que el mundo tiene cada vez más difícil. Colmillo retorcido manda. Pero hete aquí que tras un chivatazo, bueno, el de siempre, el del Tentaciones ¿o fue el Babelia? me he agenciado el último trabajo del magnífico bluesman Taj Mahal, a quien no he seguido nunca demasiado, pero que no me resultaba totalmente desconocido. Esta será la oportunidad para sumergirme en su discografía. Pues bien, resulta que el bueno de Taj, que ya había trabajado en mixturas parecidas con anterioridad, se largó con su guitarra y sus demás instrumentos, que tañe con singular maestría, a la lejana isla de Zanzíbar, atraído por la fama y los sonidos de un estilo musical propio de aquellos pagos: el taraab y de su orquesta más conocida: Culture Club of Zanzibar. La chiripa está en que me disponía a echar un vistazo a la página del colectivo Bitcho, preparándome para seguir sorprendiéndome por la febril actividad que muestran en ella, cuando me encuentro la preciosa anotación de esta misma tarde y que puede verse un poco más abajo, de una amiga común que habla de su estancia en la isla mágica de la que tratamos y en la que desgrana sus vivísimos recuerdos. Bueno, felicidad doble. Albures anudados en un momento mágico de fusión espiritual. Muchas de las cosas que Miriam dice me han avivado el deseo de comentar lo que ya tenía preparado y subrayan el carácter especial del momento. Taj Mahal
El trabajo de Taj Mahal, Nfunke, es sencillamente luminoso. Y la felicidad que he sentido escuchando varias veces los 9 temas que lo componen me ha reconciliado con el género humano compositor de música fusión y me ha elevado a un estado de gracia burbujeante y entusiasta. El propio Taj nos regala con tres blues de corte canónico de dulcísimas cadencias pero a los que aromatizan finas vetas de sonidos orientales en una confluencia alcanzada en estado de gracia. Los rabeles cierran los periodos del blues a la manera como en la música clásica árabe los cierran los untosos violines orquestales. Compárese el efecto con los de cualquier tema de Abd al Halim Hafez, Um Kalsoum, o incluso Natacha Atlas en temas como Kifaya de su trabajo Gedida. Un efecto realmente genial y que consigue fundir dos espíritus tan alejados entre sí como el del Mississipi de los sufridos negros y el de las hipnóticas melopeas arábigas.

La música autóctona de Zanzíbar, el taraab, es una mezcla de sonidos y ritmos que refleja perfectamente la propia mezcla de culturas de la isla. La palabra taraab es una palabra árabe que expresa el frenesí inefable que nos arrebata cuando una música nos pellizca la piel del alma. El correspondiente ibérico sería el “duende” de los flamencos. Las melodías hipnóticas engarzadas en los ritmos espirales de la música árabe, la cadencia hindú ( y que desborda fundida en el último tema, Mpunga), las tradiciones tribales de las etnias autóctonas africanas.... Una fructífera mezcla que llena la música de la isla de aromas a especias, de untosos perfumes amizclados y del sabor de los masalas de leche de coco. Si ya de por sí es una música hermosísima, fundida en el crisol del talento de Taj Mahal con la música del dolor de los otros negros, los descendientes de los esclavos, se convierte en sencillamente luminosa. Nos sorprenden a veces insstrumentos que recuerdan al qanun y que enseñorean unos nombres tan aromáticos como los propios sonidos que producen. O la sonoridad del acordeón, quizás influencia sudanesa, o quizás del harmonium del norte de India.

Mi favorito es sin duda el tema Naahidi Kulienzi, en el que Taj borda un maravilloso duo con la cantante Makame Kulienzi. Otro momento mágico es la voz de la nonagenaria y alma de la música zanzibariana Bikidude en el tema Muhoga Wa Jang'ombe y que me ha dejado inútilmente ávido de conocer el significado de las palabras que desgrana en su hermosísimo suahili.

Una sorpresa inquietante ha sido encontrar en el comienzo del tema Naahidi Kulienzi una melodía del más puro folklore galaico. Sí, de esas que hablan de rianxeiras y oliñas que veñen y que luego van. Sin el más mínimo asomo de duda. ¿Un azar musical de coincidencia en cierta combinación de notas y de ritmo en dos lugares y dos tiempos separados por un abismo? Demasiada chiripa. Dejo la incógnita abierta por si algún intrépido antropólogo se anima a hurgar en el enigma de cómo las bizarras canciones galaicas consiguieron llegar a la isla del mar turquesa y las palmeras esculpidas en el aire. O viceversa, claro.

Manuel Harazen.

colectivo Bitcho
(5) Comentarios • (0) ReferenciasPermalink


Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Espero no encontrar tu "mítico" colmillo, si me atrevo a sugerir que escuches a Phil thornton & Hossam ramzy en su disco "Immortal Egypt ". Aunque quizas este pecando de presuntuoso......¿lo conoces?. Ah! el disco del viejo Taj es una joya.

    bit ramone — 16-06-2005 15:41:38

  2. Intentaré hacerme con él. Será la banda sonora perfecta para mi memoria.
    Un abrazo (desde mi casa morisca del Chapiz)

    Miriam — 20-06-2005 12:58:05

  3. Seguro que te aviva los abrigados rescoldos del recuerdo, Miriam. Y si además lo escuchas frente al "Marco Incomparable"...

    Bit Ramone: el disco de que me hablas ya está en búsqueda y captura. Conocía la portada, pero la verdad es que no me resultaba muy prometedora: demasiado relamida. Pero ya sabes que el hábito no hace al monje... ¿o era que sí? De todas formas ya te haré saber qué me parece.

    Un saludo

    Manuel Harazem — 21-06-2005 11:46:35

  4. Mi querido amigo HARAZEM, el “mejor champú contra la caspa social”, y en especial contra la caspa grasa y costrosa que a menudo encontramos en clericales tonsuras, engominados flequillos o tejeriles bigotes de la más carcunda fauna de nuestra invertebrada Iberia, gran melómano, experto musicólogo, selecto sibarita y poco amante de mezcolanzas culinariomúsicales que puedan romper el sabor de lo auténtico, del plato de raíz, de la música de fogón lento, ¡porque ya está bien eso de mezclar un curry con un estofado, un salmorejo con algo de guacamole! ¡Eso que se lo dejen a Ferran Adrià! lo auténtico ¿por qué desnaturalizarlo? Pues por fin le veo emocionarse con algo de blues entreverado de música negra, de música africana y oriental. En mi ya largo trato con este azote de predicadores y talibanes de todo tipo y pelaje me ha sido muy difícil hacerle entrar por su paladar de refinado gourmet algo de música africana de más abajo del Trópico de Cáncer; de ahí mi sorpresa al ver alabar este disco de blues, sobre todo cuando el blues tampoco ha sido nunca un gran santo de su devoción. Pero como postula la milenaria filosofía del “I Ching”, “todo es mutación”. No sé si al nombrarle el “I Ching” -libro oracular de tiempos mitológicos- seré merecedor de un anatema por su parte, pues me considerará uno más de sus heréticos amigos a los que hay que convertir a los principios fundamentales del racionalismo cartesiano más recalcitrante. Pero es que yo, al igual que Anakin Skaywalker, hace tiempo que me pasé al Lado Oscuro de la Fuerza. Ya sabes HARAZEM, se empieza por la homeopatía y se acaba en la cábala.
    Y si me extiendo un poco más con lo del “I Ching” es porque parece que nuestro querido HARAZEM está a punto de levar anclas y poner rumbo a la lejana Catay. Está en período de recoger información, y yo le recomendaría que se leyese, por lo menos, la presentación a la edición del “I Ching”, de Richard Wilhelm, y el prólogo, que es de C. G. Jung, el psicólogo. El “I Ching”, o “Libro de las Mutaciones”, es probablemente el texto más antiguo que la humanidad haya conservado y sin embargo coincide en forma asombrosa con las concepciones más actuales del mundo. Y esto en realidad no tiene porque tener nada de extraño o de asombroso, pues como decía THOR HEYERDAHL, el gran antropólogo y aventurero noruego: “Durante miles de años hemos cambiado el mundo que nos rodea, pero nuestra verdadera condición es interior y esto no ha cambiado nada, pues cada generación parece empezar de cero, como hace cinco mil años. Ese es el mensaje más importante: hoy somos tan morales o inmorales como hace cinco mil años, no hay ningún progreso en el hombre mismo, ni física ni éticamente”. Y es que, bien mirado la filosofía que subyace en este libro oracular, el “I Ching”, es la misma filosofía que subyace en otro gran y también antiguo oráculo, me refiero al Oráculo de Delfos, en cuyo frontispicio aparecía la inscripción: “Conócete a ti mismo”. Parece ser que los impulsos que dominan al corazón humano son los mismos en Extremo Oriente y Occidente, y no han variado en los últimos cinco mil años.
    “Lo único inmutable es la mutación”, es lo que se desprende y lo que uno sale sabiendo al estudiar este libro. Y así vuelvo a retomar el hilo perdido con toda esta larga y deliberada digresión, pues la hago muy a conciencia de estar hoyando el sanctasanctórum de un estricto racionalista cartesiano que por fin se ha dejado seducir por el blues, aunque aquí en su bitácora nos quiera dar la impresión de que es un gran conocedor no sólo del blues, sino incluso del blues de más solera del Mississipi. Pues bien, perdonado ese ramalazo de vanidad que a veces a todos nos sale, mi buen amigo HARAZEM, colmillo retorcido difícil de contentar, ha disfrutado con gran deleite y placer de esa mezcolanza, o mejor, de esa fina mixtura de ritmos que se abrazan dulcemente al blues. Y es que el blues es África, y ésta es la razón de este largo “post”: recomendarle a mi amigo HARAZEM un disco, que hace tiempo perdí o presté o ambas cosas y que ahora me he puesto a buscar en la red y ya está otra vez camino de casa, del gran ALI FARKA TOURE, quien ahora vive retirado en su granja en las cercanías de Tombuctú. El disco que este maliense grabó con RY COODER, lleva por título: “Talking Timbuktu”. Es también producto de la fusión, pero es necesario escucharlo para darse cuenta de que el blues no sólo nació en África, sino que es africano con pleno derecho.
    Es curioso, pero justo cuando leía el “post” de HARAZEM sobre TAJ MAHAL acababa de bajármelo de la red Yo ya conocía a TAJ MAHAL, y no como mi amigo HARAZEM, que seguramente se ha aventurado a bajárselo seducido por el nombre de Taj Mahal y sus reminiscencias hindúes. Pido perdón a mi amigo HARAZEM por lo impertinente que puede haber sonado esto último que he dicho, pero también reconozco que es una gran autoridad en música de esas latitudes. Esto de leer su “post” justo cuando acababa de bajármelo, mi amigo HARAZEM, lo llamaría “SERENDIPITY”, palabra que a mí personalmente me parece una mariconada. Este azar, chiripa, chamba o casualidad favorable últimamente es citado por mi amigo HARAZEM con mucha frecuencia en su bitácora, cualquiera diría que se ha pasado de las tranquilas aguas del raciocinio a las procelosas, oscuras y peligrosas aguas que entraña el azar. ¡Cuidado amigo HARAZEM, también te estás dejando tentar por el Lado Oscuro de la Fuerza! ¡Estás poco a poco sustituyendo el principio de causalidad que la ciencia considera una verdad axiomática por el de casualidad! Pero no seré yo, ya en el Lado Oscuro de la Fuerza, quien te critique, todo lo contrario, voy a aprovechar para animarte nuevamente a adentrarte en Lado Oscuro del Libro de las Mutaciones. Para ello termino con unos párrafos del psicólogo C. G. Jung, recogidos en el prólogo de dicho libro, sobre el “principio de causalidad” y el que Jung denomina “principio de sincronicidad”, que configura un punto de vista diametralmente opuesto al de causalidad (tendrás que disculparme por extenderme mucho, pero aquellos que seguimos tu bitácora de cerca imagino que tendremos ciertas bulas, o dicho de otro modo: ¡pa una puta vez que te escribo! Además, esto complementará tus indagaciones sobre la teoría de la serendipity):
    “No conozco el idioma chino ni he estado nunca en China. Puedo asegurar al lector que no es en modo alguno fácil hallar la correcta vía de acceso a este monumento del pensamiento chino, que se aparta de manera tan completa de nuestros modos de pensar. A fin de entender qué significa semejante libro es imperioso dejar de lado ciertos prejuicios de la mente occidental. Es un hecho curioso que un pueblo tan bien dotado e inteligente como el chino no haya desarrollado nunca lo que nosotros llamamos ciencia. Pero sucede que nuestra ciencia se basa sobre el principio de causalidad, y se considera que la causalidad es una verdad axiomática. No obstante, se está produciendo un gran cambio en nuestro punto de vista. Lo que no consiguió la “Crítica de la razón pura” de Kant lo está logrando la física moderna. Los axiomas de la causalidad se están conmoviendo hasta sus cimientos: sabemos ahora que lo que llamamos leyes naturales son verdades meramente estadísticas que deben por lo tanto, necesariamente, dejar margen a las excepciones. Todavía no hemos tomado lo bastante en cuenta el hecho de que necesitamos del laboratorio, con sus incisivas restricciones, a fin de demostrar la invariable validez de las leyes naturales. Si dejamos las cosas a merced de la naturaleza, vemos un cuadro muy diferente: cada proceso se ve interferido en forma parcial o total por el azar, hasta el punto que, en circunstancias naturales, una secuencia de hechos que se ajuste de manera absoluta a leyes específicas constituye casi una excepción.
    La mente china, tal como yo la veo obrar en el “Yi Ching”, parece preocuparse exclusivamente por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de esta mente peculiar, y aquello que reverenciamos como causalidad casi no se toma en cuenta. Hemos de admitir que hay bastante que decir sobre la inmensa importancia del azar. Un incalculable caudal de esfuerzos humanos está orientado a combatir y restringir los perjuicios o peligros que entraña el azar. Las consideraciones teóricas sobre causa y efecto a menudo resultan desvaídas e imprecisas en comparación con los resultados prácticos del azar. Está muy bien decir que el cristal de cuarzo es un prisma hexagonal. La afirmación es correcta en la medida en que se tenga en cuenta un cristal ideal. Sin embargo, en la naturaleza no se encuentran dos cristales exactamente iguales, pese a que todos son inequívocamente hexagonales. La forma real, empero, parece interesar más al sabio chino que la forma ideal. La abigarrada trama de leyes naturales que constituyen la realidad empírica posee para él mayor significación que una explicación causal de los hechos, los que por otra parte deben usualmente ser separados unos de otros a fin de tratarlos en forma adecuada.
    La manera en que el “Yi Ching” tiende a contemplar la realidad parece desaprobar nuestros procedimientos causalistas. El momento concretamente observado se presenta a la antigua visión china más bien como un acaecimiento fortuito que como el resultado claramente definido de procesos en cadena concurrentes y causales. La cuestión que interesa parece ser la configuración formada por los hechos casuales en el momento de la observación, y de ningún modo las razones hipotéticas que aparentemente justifican la coincidencia. En tanto que, cuidadosamente, la mente occidental tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, la representación china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo y absurdo detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado…
    Para nosotros sería un aserto banal y casi exento de sentido (por lo menos a primera vista) decir que todo lo que ocurre en un momento dado posee inevitablemente la calidad peculiar de ese momento. Esto no constituye un argumento abstracto, sino un argumento realmente práctico. Existen conocedores capaces de determinar sólo por el aspecto, el gusto y el comportamiento de un vino, el año de su origen y la ubicación del viñedo. Existen anticuarios capaces de indicar con exactitud casi pasmosa la fecha, el lugar de origen y el creador de un “objet d'art” o de un mueble, sólo con mirarlo. Y hasta existen astrólogos que pueden decirnos, sin ningún conocimiento previo de nuestro natalicio, cuál era la posición del sol y de la luna y qué signo del zodíaco ascendía sobre el horizonte en el momento de nuestro nacimiento. Frente a tales hechos es preciso admitir que los momentos pueden dejar huellas perdurables.
    En otras palabras, quienquiera haya inventado el “Yi Ching”, estaba convencido de que el hexagrama obtenido en un momento determinado coincidía con éste en su índole cualitativa, no menos que en la temporal. Para él el hexagrama era el exponente del momento en que se lo extraía -más aún de lo que podrían serlo las horas señaladas por el reloj o las divisiones del calendario- por cuanto se entendía que el hexagrama era un indicador de la situación esencial que prevalecía en el momento en que se originaba.
    Este supuesto implica cierto curioso principio al que he denominado sincronicidad, un concepto que configura un punto de vista diametralmente opuesto al de causalidad. Dado que esta última es una verdad meramente estadística y no absoluta, constituye una suerte de hipótesis de trabajo acerca de la forma en que lo hechos se desarrollan uno a partir de otro, en tanto que la sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que un mero azar, vale decir, una peculiar interdependencia de hechos objetivos, tanto entre sí, como entre ellos y los estados subjetivos (psíquicos) del observador o los observadores.
    La antigua mentalidad china contempla el cosmos de un modo comparable al del físico moderno, quien no puede negar que su modelo del mundo es una estructura decididamente psicofísica. El hecho microfísico incluye al observador exactamente como la realidad subyacente del “Yi Ching” comprende las condiciones subjetivas, es decir psíquicas, de la totalidad de la situación del momento. Exactamente como la causalidad describe la secuencia de los hechos, para la mentalidad china la sincronicidad trata de la coincidencia de los hechos. El punto de vista causal nos relata una dramática historia sobre la manera en que D llegó a la existencia: se originó en C, que existía antes que D, y C a su vez tuvo un padre, B, etc. Por su parte, el punto de vista sincronístico trata de producir una representación igualmente significativa de la coincidencia. ¿Cómo es que A', B', C', D', etc., aparecen todos en el mismo momento y en el mismo lugar? Ello ocurre antes que nada porque los hechos físicos A' y B' son de la misma índole que los hechos psíquicos C' y D', y además porque todos son exponentes de una única e idéntica situación momentánea. Se da por supuesto que la situación constituye una figura legible o comprensible…”

    Imagino que tu teoría sobre la chiripa habrá sido ampliada con estas reflexiones.
    Por cierto, cuesta un güevo cargar tu bitácora en el Explorer.
    Saludos y bienvenido al Lado Oscuro de la Fuerza.
    C.Z. (Cato Zulú)

    C.Z. (Cato Zulú) — 23-06-2005 19:36:48

  5. lo mejor y con eso digo todo

    milagros — 14-08-2005 04:00:56


Comentar



Recordar datos




LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009